Cómo tratar con pacientes conflicivos o agresivos

Los pacientes conflictivos y agresivos no sólo dificultan sus propios tratamientos o la estabilidad más deseable en un entorno sanitario, sino que también ponen en riesgo la seguridad de los profesionales de la Enfermería.

Desactivar conflictos en pacientes difíciles es una cuestión de método, de aplicar protocolos, de gestionar las actitudes con las que se encaran las situaciones de este tipo, pero también se trata de hacer un uso inteligente del tiempo del que dispone el paciente y del espacio donde se aloja. Todo, para sumar y para mejorar situaciones potencialmente explosivas.

Independientemente de cada caso, de medicaciones sedantes o de problemas psiquiátricos que necesitan de tratamientos específicos, hay estrategias preventivas y de intervención que resultan muy intuitivas y que deberían estar entre los recursos más conocidos de todo profesional enfermero.

Vemos ocho de estas sencillas herramientas-actitudes:

  • Actitud tranquila. Más que tranquila, tranquilizadora. El enfermero debe dirigirse al paciente problemático con un comportamiento relajado que ha de incluir una expresión verbal lenta y una gesticulación de las mismas características. La comunicación no verbal es muy importante.
  • Expresiones acríticas. Además de mostrar respeto al paciente y de poner algo de espacio físico con el paciente, el enfermero debe ser proactivo, conseguidor si hace falta, pero, sobre todo, debe dejar a un lado cualquier actitud crítica sobre la situación o sobre el comportamiento de la persona que no se comporta según los cánones.
  • Control. El enfermero debe mostrar que controla la situación, que es quien asume que han de seguirse las reglas, pero sin asumir una postura excesivamente autoritaria. Es importante evitar contactos visuales intensos que el paciente rebelde pueda traducir como ofensivo o desafiante.
  • Escucha activa y algo más. El enfermero debe también evitar interpretaciones a priori de lo que ocurre, para ello resulta imprescindible escuchar lo que dice el paciente y, como es lógico, hay que realizar preguntas.

Sí, sin espíritu crítico, como una forma de acercarse a entender lo que le pasa y cuales son sus reclamaciones. Es clave no hacer promesas que no se puedan cumplir y hacer todo lo que esté en la mano para facilitar la comprensión de la actitud del paciente. Aún más cuando su tratamiento puede depender de lo que se descubra en la interacción.

Estrategias de entorno

Las unidades de hospitalización pueden proporcionar igualmente actividades productivas que ayuden a reconducir los comportamientos inadecuados de los pacientes y a mejorar la adaptación con fórmulas de socialización y de ocio. Teniendo en cuenta factores como éstos:

  • Salir fuera. En cualquier caso, con los pacientes agitados resulta más útil permitirles que salgan fuera de las áreas cerradas de hospitalización que ofrecerles alternativas para socializarse con otros enfermos que ellos mismos puedan ver como algo forzado. Para los pacientes con enfermedades agudas y que han de estar ingresados en largos periodos, salir a pasear a los jardines de los complejos hospitalarios puede marcar una diferencia a la hora de atenuar los estados de ansiedad.
  • Entornos muy estructurados. Todo puede ser el resultado de entornos excesivamente estructurados, con aplicaciones de tiempos y con obligaciones que destruyan las condiciones de privacidad de los pacientes que desemboquen en comportamientos agresivos fruto de la frustración.
  • Compensaciones. También funciona compensar a estos pacientes complicados con tiempos de estancia fuera de las zonas de hospitalización que se pueden incrementar de manera flexible con la intención de conseguir eliminar cualquier estado de ansiedad. También se les puede hacer salir en momentos distintos a los de otros pacientes para evitar sobre estimulaciones o crisis.
  • Actividades motivacionales. Funciona bastante bien que los pacientes problemáticos puedan liberar su energía en actividades físicas o con otras que les ayuden a regular la respiración y la relajación de manera controlada. E incluso con otras más en las que puedan hablar de sus emociones y recuperar el control sobre sus estados de tensión.

Las prácticas que ayudan a desactivar los conflictos en las áreas hospitalarias fomentan el bienestar del enfermo, y cómo no, la tranquilidad del día a día del profesional de Enfermería.