
La enfermera es un ser humano de sentimientos muy amplios , siempre dispuesta hacer el bien como se lo exige su convicción profesional. Se entrega en mucho a satisfacer las necesidades de otras personas y el colectivo la detalla como sacrificada, que viste e blanco, siempre impecable y aflora una sonrisa congelada por que su imagen interna no aceptaría exteriorizar el dolor que le produce el contacto directo diario con el ser humano enfermo.
Y aparece la gran interrogante ¿Por que colocarse una coraza y no dejar que afloren los sentimientos verdaderos?
Es innegable que la situación interna de ese ser humano es otra, y mejor lo dejamos para explorarlo en otro momento.
De manera que, la enfermera en su dimensión profesional y humana es también bondadosa, que se esmera sin escatimar esfuerzo al establecer esa relación de ayuda incondicional.
A veces se le puede ver callada reflexionando, tal vez haciendo un arqueo de fortalezas y debilidades en su sendero profesional recorrido.
En sus reflexiones, sus pensamientos de contenido visionario están cubiertos por todas las formas de brindar cuidado y estos se ven reflejados como, si brillante diamantina cayera suavemente sobre su cuerpo físico, vestido con especial tela blanca. Indiscutiblemente el traje le sienta bien a la enfermera por que genera esa tranquilidad que despierta sueños y sentimientos de paz, en quien los ha perdido.
Es placentero observarla en su ambiente natural de trabajo, organiza, limpia y mantiene en fina pulcritud el centro de planificación del cuidado “faenas y puesto de enfermeras”.Selecciona fármacos y en esta, una de sus grandes actividades refleja todo lo cuidadosa que suele ser. Ese es el momento principal en el esbozo de su gran obra de arte, en verdad sin lugar a dudas, semeja la enfermera a un gran pintor, cuando selecciona, pinceles, colores, y ambiente para crear el paisaje que tiene en mente. Y se entrega a lo que hace con verdadera emoción.
¿Se puede entonces saber en que lugar de esta gran obra de arte encaja el paciente? ese ser humano que yace en su lecho de enfermo, con facies inexpresiva y sentimientos de incertidumbre, con miedo a procedimientos desconocidos, con sentimientos ocultos, con un grito de dolor atrapado en la garganta. Pues resulta, que en esta gran obra el paciente en todo su despliegue patológico es el sol, es la luna, es el día y la noche de la enfermera que con su acto de cuidar trasciende.
La enfermera en tibia paz, sufre cuando el paciente dolorido se queja, o el asmático no consigue mejorar su déficit respiratorio, o en cada instancia particular, al final la dificultad la padece el paciente, la sufre en lo profundo del ser humano la enfermera, y el familiar del paciente es quien lo llora.
Entonces termina la enfermera su turno de trabajo, se va a casa contemplando el horizonte, vislumbrando un mundo nuevo, medita en silencio, abre corchetes, cierra paréntesis y deja puntos suspensivos ¡por que mañana será como hoy, pero con otro paciente al frente!
Maigualida Manrique